Lo que más me gusta escribir es la novela romántica. Adoro ese tipo de lectura y escritura porque, para mí, es como la vida misma. El amor es un sentimiento que todos hemos sentido y que todos buscamos. Un sentimiento que te lleva a hacer cosas increíbles, que te lleva a perder el miedo en algunos casos, y, a acobardarte en otros.
Pero la novela romántica no habla únicamente de amor, también de otros sentimientos, de otras situaciones de la vida misma, como puede ser: la intriga, el suspense, la traición, los secretos, la ambición...
La vida es una caja de sorpresa y la novela romántica es lo mismo: una caja de sorpresa que amo leer y crear.
Pero para escribir novela romántica no hace falta que sea una novela extensa que el lector se pierda en las tramas, en las vueltas, en las revueltas. No, todo lo contrario. Yo amo las historias que van a lo claro, a lo sencillo. Lo amo porque ya la vida es bastante compleja, no es necesario que los libros también sean así. Basta con ser fiel a lo que se quiere contar y a lo que se quiere transmitir, porque las dos cosas no son lo mismo.
No es igual decir que quiero contar una historia de amor y quiero transmitir amor, que decir que quiero contar una historia de amor y transmitir miedo, que puede ser por supuesto, y, de hecho, en la novela que saldrá a finales de mes es eso lo que sucede. El miedo a perder el amor, el miedo a no estar capacitado para ese puesto, el miedo a tomar decisiones.
En definitiva, la novela romántica es un género que me encanta y que trabajo con mucho gusto. De hecho, de mis 20 novelas escritas (todas guardadas en un cajón, ya iré desempolvando) todas son del género de la romántica, pero no todas están ambientadas en la Regencia, hay otras que lo están en la Época Victoriana, otras en la Edad Media, otras en el presente, otras en Escocia.
Poco a poco, iré desempolvando, corrigiendo y publicando. Espero que os gusten.

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