El miércoles, os hablé de las 20 novelas que tengo escritas y que esperan a ser desempolvadas y corregidas para ver la luz, algo que harán poco a poco.
Pues hace unos pocos días, más exactamente el lunes pasado, el día 30 de abril, encontré en un baúl donde guardaba el vestido de flamenca que saqué para poder ir a la feria de mi pueblo con el puesto, una caja de cartón cerrada con la ayuda de una cuerda, pues no se podía cerrar bien de la cantidad de cosas que dentro tenía.
Pues en esa caja, encontré decenas de relatos olvidados. Esos relatos son breves, no muy extensos, relatos de entre 2 y 9 páginas. La verdad es que me sentí un poco extraña al dar con ellos. Extraña, pero también contenta. Es curioso como, ahora, que he decidido sacar a la luz todas esas novelas que estaban en ese cajón, encuentre también estos relatos que ya no recordaba.
Es curioso y me llama la atención sin dejarme claro que significa.
Puede ser que también quieran ser publicados. Puede ser que sea un recuerdo de todo lo que he hecho y, por miedo, se ha quedado ahí como cosa que nunca se tira pero que no se usa tampoco. Puede ser que sea un recuerdo de las cosas que nunca se hacen por el qué dirán de los demás.
Si os soy sincera, me quedo con la tercera opción: las cosas que nunca se hacer por el que dirán de los demás.
Y es que muchas veces, quizás demasiadas veces, no somos capaces de hacer las cosas porque el qué dirán de nuestros conocidos, amigos y familiares es demasiado poderoso para nosotros mismos. Y eso es, realmente, un error muy grave. Está bien contar con la opinión de los demás, pero no debemos permitir, bajo ningún concepto, que sean ellos quienes dictamen nuestras vidas, sobre todo, si esos actos nuestros no hacen daño a nadie.
Porque, a ver ¿qué daño hace publicar una novela o un relato que es totalmente inventado? Ningún daño. Pero cuando nos rodeamos de personas que nunca han sido capaces de tomar sus decisiones, que nunca han hecho nada por ellos mismos, que se dedican a caminar a ciegas, cumplir un sueño les parece algo imposible, algo que es para otros, no para nosotros. Y hacerles caso es un grave error, porque si ellos no han sido capaces de tomar las riendas de sus vidas, nosotros no tenemos porque hacer lo mismo, máxime cuando sabemos qué queremos hacer.
De modo que, si queréis algo y no hace daño a nadie, no os detengáis. Caminad aunque otros no caminen. En la vida, siempre dejaremos atrás a personas y lugares, pero no permitamos que se queden nuestros sueños. Pues ellos seguirán llamándonos hasta que les escuchemos.
El tren pasa más de una vez, pero llegará el día en el que ese tren cambie de ruta y entonces, ya no nos podremos subir.

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